jueves, 10 de marzo de 2016

Viejo Lobo de jazz │ Cris Lobo



Rafael Alcalá
¿Rafa Alcalá?, no me acuerdo
Sí, también estaba Rafael Alcalá, -dice Lucio Sánchez que me acompañó a la entrevista que le hice a Cris Lobo hora y media antes del concierto que organizó JazzUV para celebrar el Día Internacional del Jazz
Ahí tocaste con Humberto León
Y con Alci [Rebolledo], que paz descanse, me dieron la noticia tan brava ahora que vine, qué tristeza, tan joven
Aleph [Castañeda] también estuvo esa noche, tercia Lucio
Aleph, también en paz descanse
Y Picos [Sergio Martínez], que también falleció
¿Picos falleció?
Sí, tocando en Teatro del Estado, recuerda Lucio
Cómo creen, qué les pasa, oigan.

Recordábamos La Primera Muestra Jazztronómica de Xalapa, un festival que organizamos en Barlovento a finales del siglo pasado al que llegó, y participó en una jam session, Cris Lobo que entonces se presentaba como Cristóbal López.
En esa época todavía firmabas como Cristóbal López, ¿por qué hiciste el cambio?
En la familia me dicen Cris Lobo, López viene del latín lupus que quiere decir lobo entonces en mi familia, mis sobrinos y mis hermanos me dicen Cris Lobo y dije, bueno, está más sencillo que Cristóbal López que es larguísimo y ahora tengo no sé cuántos discos que salen como Cris Lobo y la gente ya me conoce así. Ustedes se acuerdan porque nos conocemos de años, pero mucha gente ya ni se acuerda de Cristóbal López.
Recuerdo un disco muy bonito de esa época que grabaste con Enrique Nery.
Ah, pues ahí es el dúo Nery-López. En paz descanse Enrique, ¿sabes que nos quedamos con las ganas de hacer el otro disco?, le decía oye Enri (así le decía) vamos hacer el otro disco, pero ya vamos hacerlo, -sí, tienes razón, vamos a hacerlo, -me decía pero no lo hicimos, digo, en la vida ya se sabe que estas cosas pasan pero afortunadamente quedó un testimonio que está considerado una joya de la historia del jazz, como una cosa excepcional.
Trabajaron mucho juntos, hicieron muchas cosas.
Enrique y yo (ah, qué bonito que nos estemos acordando de él, por aquí ha de andar) le dimos la vuelta al mundo con ese dueto, yo recuerdo que cuando ya sentí que estaba bien asentado el proyecto le comenté ¿sabes qué, Enri?, yo creo que nos vamos hacer una gira por el mundo y él me dijo déjame arreglar dos o tres cosas. Yo creo que fueron como un mes y medio o dos meses de preparativos en lo que arregló sus cosas, sus clases, su vida y yo por mi lado hice lo pertinente. Le hablé a mis contactos y organizamos una gira, empezamos por toda la Unión Americana, después nos fuimos a Europa en un tour muy largo porque hicimos conciertos en toda Europa, felizmente.
Estuvimos mucho tiempo fuera del país, recuerdo que el último punto de Europa fue Frankfurt y de ahí nos fuimos a Cuba, al festival de la Habana, donde nos recibió maravillosamente mi amigo Chucho Valdés con la gente de Irakere, me acuerdo que alternamos con Airto Moreira y Flora Purim, su mujer, alternamos con Chico Freeman.

Son recuerdos muy bonitos, había mucha gente muy importante en el ámbito de la música en este festival y el dueto fue un éxito rotundo porque no se había oído algo así desde que trabajaba Bill Evans con Jim Hall, lo más cercano que se dio en ese ámbito fue un trabajo muy bonito, lleno de mérito, de César Camargo Mariano con Hélio Delmiro. César, buen amigo, hizo ese dueto y sacaron por ahí un par de discos pero no es un trabajo que cubriera los territorios que trabajamos Enrique y yo.

Por otro lado, ese disco tiene un mérito muy hermoso; alquilamos un piano de cola muy bello (que tardamos en seleccionar) y nos metimos a un estudio que era de su hermano, el Estudio Do-Re-Mi, era el único estudio en donde cabía un piano de concierto y el experimento que se llevó a cabo ahí con éxito fue lo que yo le sugerí a Enrique, le dije vamos a hacer una sesión como si estuviéramos tocando en vivo, vamos a grabar el piano y la guitarra con un solo micrófono, no va a haber truco de que el micrófono para el piano, el micrófono para la guitarra y acomódale aquí y muévele allá, no, no, vámonos con un solo micrófono ambiental, y la otra cosa que te propongo es que grabemos el disco con un aliento vital, con una sola respiración, vamos a grabar una pieza tras de otra sin parar y me acuerdo que me dijo ¿estás seguro de que quieres que hagamos esto así?, sí, estoy seguro completamente, y salió el disco de Perseverancia.

Cuando llegaron a esta sesión ¿qué porcentaje estaba arreglado y ensayado y qué porcentaje dejaban a la improvisación?
Hay una cosa muy rara, que les quiero contar, que he tenido con algunos músicos a lo largo de mi carrera y esos músicos son, curiosamente, pianistas; es una química espiritual para la música que se dio con Enrique Nery, con Mario Patrón, con Mario Ruiz Armengol, con Clare Fischer, con Miguel Salas, con mi hermano Eugenio Toussaint, es una cuestión en la que no teníamos que hablar y no ensayábamos. Se daba de una manera casi mágica, Enrique llegaba o llegaba yo (igual sucedía con Eugenio) y decía compuse algo, vamos a tocarlo y lo tocábamos sin hablar, sin ensayar, solo respirábamos y ni siquiera había necesidad de marcarnos.

Con Enrique, con Eugenio, con don Mario Ruiz se daba esto que les voy a platicar: los músicos de jazz tocan, generalmente, los standards o las piezas en el tono original y nosotros no, nosotros llegábamos a tocar y de pronto Mayito [Mario Ruiz Armengol] o Enrique o yo empezábamos a tocar un tema pero en otra tonalidad, en la tonalidad, digamos, de la sensación de la tarde o el frío o cualquier cosa pero modificábamos la tonalidad en el transcurso de la pieza, modulábamos las tonalidades sin avisar, simplemente nos movíamos como se mueven, por ejemplo, las parvadas de la tarde; nos movíamos así, con naturalidad según estuviera el mood, el humor interno del alma.
Eso lo extraño mucho, ahora se está empezando a dar, por fin, con el bajista del grupo que tengo, es un bajista brasileño que tocaba con Hermeto Pascoal allá en Brasil, Marcos Milagres. Él ha estado tocando mucho conmigo, ha estado estudiando y todo eso entonces se está empezando a dar esa química en la que ya sabe, siente, percibe en el alma hacia dónde nos vamos y ya no necesitamos hablar, ni ensayar, ni nada de eso, sólo nos subimos a tocar. También se está empezando a dar con mi hijo, que es guitarrista y hace poco tiempo lo acabo de traer a mi agrupación.
Estamos tocando en un quinteto donde está Marcos Milagres en el contrabajo, Mario García en la batería, mi hijo Kin (es un nombre que en maya quiere decir sol y en náhuatl quiere decir eternidad) en una guitarra, está mi mujer, Paloma Ruiz (por cierto, es hija de Víctor Ruiz Pazos, Vitillo) que es cantante, canta precioso, no porque sea mi mujer sino porque lo hace realmente bien.

¿Cuál es tu repertorio o preferido?, tú has estado muy cerca de los boleros, que son como nuestros standards, y de ese tipo de composiciones
De repente hay esa sensación pero yo me muevo hacia varios puntos de la música, por ejemplo ahora estoy en un punto en el que ya casi están acabados los arreglos de mi primer trabajo con composiciones originales para orquesta sinfónica y me muevo, de repente, hacia el jazz stride o hacia la música brasileña, y el bolero es una de las formas que a mí me gusta muchísimo, también es porque desde que empecé a tocar he acompañado a cantantes muy importantes como a Lena y Lola, don Pedro Vargas, Amparo Montes, Carlos Lico, ese tipo de gente
La gente de la W, ¿te tocó esa época?
Claro, yo acompañé a Rosenda Bernal en su primer trabajo profesional y en su debut en la XEW. También iba yo a la XEW con don Pedro Vargas, todavía vivía Alvarito, su pianista. Acompañé a José José, Marco Antonio Muñiz, a todos
Pero con tu toque siempre, ¿no?, pregunta Lucio.
Es algo que ellos buscaban al ofrecerme trabajo, querían oír el sonido de mi guitarra y mi concepto para acompañar, el trabajo más reciente que hice en este sentido fue la dirección musical de Eugenia León que también buscaba mi sonido, quería escuchar eso que hago yo con la guitarra. De ahí el amor por el bolero.
¿Cuáles son tus orígenes como guitarrista, como músico?
Yo vengo de una familia de músicos, mi tío abuelo fue concertino de la Orquesta Sinfónica de París, mi padre cantaba y tocaba la armónica, mi madre cantaba y mis dos hermanos mayores son músicos, el que me sigue toca la guitarra a nivel virtuoso y el mayor toca el piano, el bajo y la guitarra y es compositor entonces desde muy niño estuve rodeado por el ambiente de la música y empecé a tocar la guitarra a los seis años, mi hermano, el que me sigue, me regaló de cumpleaños un requinto, estaba yo muy chiquito y la guitarra me quedaba grande entonces me regaló un requinto y así empecé a estudiar. Me empujó mucho escuchar a un guitarrista que se llama West Montgomery y a Charlie Parker, fue lo que me movió para entrar a la música y desde entonces no ha podido dejar de tocar.
Si empezaste con ellos, pues empezaste en el jazz
Yo oía boleros porque a mi madre le gustaba eso y por parte de mi padre oía a las grandes orquestas, jazz y música clásica, es lo que mi padre ponía pero a mí lo que me llamó poderosamente la atención fue el jazz.

Me dediqué a estudiar como enajenado porque me enamoré de la guitarra, a los 10 años de edad me fui a trabajar profesionalmente a Tijuana y ahí conocí músicos enormes, gigantes.
Hace rato le platicaba con uno de los maestros de JazzUV que conocí un mundo que me da mucho gusto haber vivido, esa manera de ser músico porque esta manera que hay ahora yo ya no la conozco y no me gusta.

¿Cómo era entonces y cómo es ahora?
La forma de antes era una forma disciplinada y rigurosa en la que se veía a la música como algo sagrado, como algo intangible, como algo sacro y hoy en día los músicos la ven como un negocio, como hacer tortas o tacos.
¿Como hueso?
No, no lo ven como hueso, yo he conocido músicos que son hueseros pero no irreverentes, eran hueseros porque ahí tenían mucho trabajo pero dentro de eso tenían una actitud de respeto, una dignidad y algo noble hacia la música, hoy en día no, hoy es algo fuera de lugar, irreverente, abre uno las alcantarillas en la calle y salen 50 muchachos que dicen que son músicos y por otra alcantarilla salen 85 y por la otra 110 y hay escuelas aquí y escuelas allá y todo el mundo quiere ser músico. Hay una película de Walt Disney que se llama Los Aristogatos, ¿se acuerdan?, ahí hay una pieza que dice "todo el mundo quiere ser un gato jazz", pues ahora es así porque la Internet le hace sentir y pensar a la gente que todo está a su alcance, por el otro lado, vas a la Comercial Mexicana o a Chedraui y venden guitarras con su amplificador a 1000 pesos y el que la compra siente que ya es músico, pero la música no es eso.
A eso iba, mucha gente me dice antes no había la cantidad de información que hay ahora, que con mucho trabajo conseguían algún video pirata que ni se veía ni se escuchaba bien.
No, no, no, para empezar, yo soy autodidacta porque nadie me quiso dar clases y nadie me enseñaba porque eran celosos de su conocimiento.
¿Incluso tus familiares?
Nadie.
¿Ni tu hermano?, -pregunta Lucio.
Les digo que nadie y nadie quiere decir nadie, eran celosos igual que Dizzy Gillespie que cuando se le acercaban a pedirle clases los mandaba lejos, les decía ¿tú crees que te voy a enseñar lo que me ha costado tanto trabajo aprender?, ve a batallar tú y aprende como puedas.


Ahora la Internet hace pensar a la gente que puede hacerlo, se lo creen y sucede el siguiente fenómeno: la gente que tiene restaurantes, la gente que tiene bares, la gente que tiene el manejo de los teatros lo que quiere es hacer fortuna y ve en esto una mina de oro, ¿por qué?, porque los muchachitos, los advenedizos con tal de tocar, pararse en un escenario, ligarse las muchachas, sentirse que son estrellas van y trabajan por la cena, se contratan por tres pesos y la gente lamentablemente no sabe, ve un contrabajo en manos de alguien y le impone el instrumento porque no sabe distinguir si aquella persona no tiene afinación, no sabe armonía, no tiene buen tiempo, no tiene buen sonido, en fin, el chiste es hacer dinero y en ese camino nos arrastran a todos los que somos profesionales... continúa

Luis Barria

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