Ether (crónica sideral)

julio 01, 2014


A Adrián Calva

Escucho en Lipan Conjuring el trance, la gestación irremediable de la evolución espontánea… y entonces alguien interrumpe: me pregunta qué es esa música, quiénes “suenan” ahí; refiriéndose a las bocinas amplificadas del Marantz, en torno a la vieja tarde que va muriendo.

Tool, contesto. –Qué tan buenos son, increpa. –Son tan buenos como bueno significa ser redentores de su propia religión.

Entonces para abundar en el tema me envuelvo en una especie nebulosa de teorías, intentando describir conceptos que apenas esbozo en un discurso monolítico. Quisiera reproducir con el apoyo del lenguaje la constitución de esa música, pero a poco soy consciente de que ello es imposible. Entonces recurro a la hipersensibilidad: -La inconciencia nos guía y se muestra floreciente ya en el crepúsculo; lo que a la luz es el sol, Tool es a Dios, digo… es así mismo un descubrimiento que devela el ether… su música es el vínculo, la visión a la monstruosa constitución del ser humano desde las pesadillas de Dios.

Me observa con desaprobación. Pero es cierto, lo que se experimenta al estar frente a la banda en vivo no conlleva la misma significación en términos de tiempo y espacio, como para quienes ajenos se encuentran a años luz a. C. de su radio de influencia. Es por lo contrario un ataque de rayos x que atraviesan la calavera, un testimonio indescifrable pero efectivo de que el ser humano ha vivido con un vendaje sobre sus ojos desde que se ha dejado manipular espiritualmente… si no fuera así, ¿como podría Tool lograr ese constructo invencible de lógica frente a providenciales verdades? En esos breves instantes del mundo, donde parece detenerse su penosa traslación, se advierte que el objeto y finalidad de su lenguaje, el de las apocalípticas distorsiones y los remansos atmosféricos de sus espectáculos, es la perpetuación del estigma, de la marca encéfala de un manifiesto de verdades incalculables y secretamente reveladas, a través de expresiones orgánicamente musicales.

Hace poco tiempo Tool se presentó en los vestigios prehispánicos conocidos como la zona del Tajín, en Veracruz. Se trivializó en lo inverosímil de su presencia recóndita, pero el día de la presentación todos los ahí reunidos pudimos constatar que se trataba de una vinculación predestinada, donde el vuelo de los astronómicos hombres pájaro se paralizó en un punto antes de descender hasta la tierra para dispersarse en la atmósfera. Ese día que jamás envejeció con la noche, descubrí mi afección también de vestigio, mi cadena umbilical involutiva…

Arturo Riveros

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