martes, 2 de enero de 2018

Simone de Beauvoir. Esperanza la última frontera


Para combatir la infelicidad debemos primero exponerla, lo que significa que debemos disipar la mistificación que hay detrás de ésta, ocultándola de la gente para que así no tengan que pensar en ello.

Simone de Beauvoir habla sobre el ateísmo, la última frontera de la esperanza y la necesidad de ir más allá de la división simplista de optimismo y pesimismo.

El optimismo es una alienada forma de fe, el pesimismo es una alienada forma de desesperación, el gran filósofo humanista y sicólogo Erich Fromm escribió en 1972 su muy elegante argumento para la fe racional en el espíritu humano, afirmando que: Tener fe significa arriesgarse, pensar en lo impensable pero actuar dentro de los límites de las posibilidades reales.

Ese mismo año, del otro lado del Atlántico, la filósofa Simone de Beauvoir (enero 9, 1908 – abril 14, 1986) —otra pensadora dotada de una formidable perspicacia y aguda intuición acerca de la experiencia humana — explora esta relación osmática entre optimismo, pesimismo y esperanza en el en su libro autoautobiográfico, All Said y Done (Dicho y hecho), Simone de Beauvoir, 1952.

De Beauvoir, vivió las dos grandes guerras mundiales, dedicó gran parte de su trabajo a la noción de que la felicidad no siempre es posible pero es nuestra obligación moral —Una noción arraigada no en un deseo rosa, sino en un intelecto incisivo que utilizaba todas las herramientas del escepticismo para sondear la mentira y disipar la ignorancia. Atea a lo largo de su vida, reflexionó al final de ésta que, aunque muchas de sus ideas filosóficas fueron evolucionando con el transcurrir de las décadas, su ateísmo permaneció firme. Estaba convencida de que los dogmas de la religión excluyen el pensamiento crítico y el razonamiento analítico necesarios para la investigación filosófica y para la evolución del propio pensamiento humano. —Una injerencia particularmente pronunciada cuando se trata de si uno debe adoptar una actitud optimista o pesimista hacia la vida y la naturaleza humana—. De Beauvoir escribe:

La fe es a menudo un “algo” que es dado durante infancia como parte del equipamiento de la clase media y que es mantenida incuestionablemente junto con todo lo de más. Si ésta llegara a generar alguna duda, existen varias razones emocionales que nos mantienen atados — una lealtad nostálgica por el pasado, afecto por aquellas personas a nuestro alrededor, temor a la soledad o a la amenaza del aislamiento de todos aquellos que no se adecuan… Hábitos de la mente, un sistema de referencia y de valores que son adquiridos y de los cuales te vuelves prisionero.

Prestemos atención a uno de los más significativos engaños de la religión —la inmortalidad, eso a lo que los creyentes se aferran como una última defensa ante el terror que produce la muerte— De Beauvoir dice:

La fe permite una evasión de aquellas dificultades que el ateísmo confronta honestamente. Y corona a todos los creyentes dotándolos de un sentido de superioridad a pesar de todos sus temores.

Pero de esta confrontación valiente surge, aunque con dificultad, una inesperada fuente de esperanza, esa contraparte más lúcida y muscular del optimismo ciego. De Beauvoir escribe:

¿De qué color es el mundo sin Dios en el que vivo? Muchos lectores me dicen que una característica que les gusta de mis libros, es que en ellos notan como me deleito con la felicidad, mi amor por la vida, mi optimismo. Pero otros, especialmente cuando me escriben acerca de mi último libro, “La vejez”, deploran mi pesimismo. Ambas etiquetas están muy simplificadas.

[…]

Mi inclinación natural ciertamente no me lleva a suponer que lo peor es siempre inevitable. Sin embargo, me comprometo a ver la realidad a la cara y hablar de ella sin pretensiones ... Es sólo porque detesto la infelicidad y porque no vislumbro que cuando me encuentro frene a ésta, me siento profundamente conmocionada o furiosamente indignada Tengo que comunicar mis sentimientos. Para combatir la infelicidad debemos primero exponerla, lo que significa que uno debe disipar las mistificaciones detrás de las cuales está oculta a fin de que la gente no tenga que pensar en ella. Es porque rechazo las mentiras y huyo que me acusan de pesimismo; Pero este rechazo implica esperanza - la esperanza de que la verdad puede ser útil -. Y esta es una actitud más optimista que elegir la indiferencia, la ignorancia o la farsa.


Para complementar la parte en específico del siempre estimulante libro “Todo Dicho y Hecho”, en la que De Beauvoir nos presenta las reflexiones acerca de cómo la “casualidad” y la “elección” convergen para hacernos lo que somos, contamos con el manifiesto de Rebeca Solnit para la esperanza en la oscuridad, Helen Keller sobre el optimismo y Jonathan Lear acerca de la esperanza radical, y podemos entonces, volver a revisar la obra de De Beauvoir sobre el arte, la ciencia, la libertad, las labores y la medida de la inteligencia.


Documental sobre Simone de Beauvoir

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