Café barato importado afecta el precio del café mexicano


El café mexicano enfrenta una nueva amenaza. No viene del clima ni de la tierra. Viene de las políticas comerciales y de la falta de voluntad para proteger a quienes producen.

En los últimos meses, las importaciones de café Robusta de menor calidad se han disparado. Vietnam reporta un aumento superior al mil por ciento. Brasil reconoce crecimientos de al menos cuatrocientos por ciento. Este café, más barato y de menor calidad, está entrando al país mientras desplaza al café nacional y presiona los precios a la baja.

El impacto no es abstracto. En regiones productoras de Veracruz, como Huatusco, el precio del café cereza cayó en pocas semanas de más de veintidós pesos a menos de dieciocho. Para miles de familias cafetaleras, esa diferencia es la línea entre sostener la cosecha o endeudarse para sobrevivir.

La situación se agrava por decisiones institucionales. La Secretaría de Economía ha permitido que café Robusta importado en verde pueda exportarse como si fuera café mexicano, incluso sin ser transformado en el país. Esto abre la puerta a mezclas con café arábigo nacional y a una simulación de origen que daña al sector productor y al prestigio del café mexicano en el mercado internacional.

Mientras tanto, las grandes empresas compradoras aumentan sus castigos y costos de comercialización, a pesar de que en México se consume más café del que se exporta y los gastos logísticos son menores. En otros países productores, como Colombia u Honduras, estos costos son significativamente más bajos. Aquí, nadie explica por qué se cobra más.

La aprobación de la nueva Ley del Café y la creación de la Comisión de Precios en Veracruz no han frenado la caída de los precios. La distancia entre los acuerdos institucionales y la realidad del campo es evidente. Por eso, organizaciones cafetaleras exigen que esta comisión se reúna de inmediato y esclarezca qué está ocurriendo y a quién benefician las decisiones actuales.

El fondo del problema es político y ético. ¿Quién define el valor del café? ¿La Bolsa y la especulación, o el trabajo de quienes lo producen y el precio que paga la sociedad por consumirlo? Defender precios justos no es una consigna vacía. Es una demanda de vida digna, de justicia económica y de respeto a los territorios cafetaleros.

El café no es solo una mercancía. Es trabajo colectivo, identidad y sustento. Permitir su desplazamiento en nombre del libre comercio es una forma más de despojo silencioso.

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