lunes, 16 de marzo de 2015

Juan Bosch, vendabal caribeño

Encontrar actualmente a la intelectualidad -preferentemente escritores- en luchas frontales para construir justicia social, esclarecer verdades y consolidar la libertad, es una tarea casi imposible. Sus preocupaciones se enfocan mayoritariamente en introspecciones de carácter vanidoso. Ignoran que sus reflexiones y criticas de la realidad imperante -por emanar de ellos- pueden influir en vastos sectores de la opinión pública, en revertir situaciones de franca injusticia. No olvidemos la campaña que emprendió Emilio Zola, padre del Naturalismo, en defensa del calumniado militar Dreyfus, obteniendo en los meses postreros su total reivindicación.

En nuestra América de hoy, si bien el número de literatos abanderados en causas justas y peligrosas no sobrepasan la veintena, hay ejemplos pretéritos que reconfortan e inspiran.

Uno de ellos es el dominicano, Juan Bosch (1902) quien además de cuentista, novelista y ensayista, fue un furibundo adversario de su connacional dictador Rafael Trujillo y posteriormente virulento enemigo del imperio norteamericano. Tal conducta está condicionada obviamente por la tormentosa historia político-social de su país, cuajada de guerras civiles, tiranías e intervenciones de potencias extranjeras.

Ubicada frente a Cuba, esta isla está divida entre Haití y República Dominicana, descubierta por Cristobal Colón en 1492 -nombrándola La Española- estableciéndose como la primera ciudad hispana en el Nuevo Mundo, Santo Domingo.

Su posición estratégica geográfica incitó a los godos a poblar aceleradamente su tierra -como contención ante probables conquistas de otros países- llevando grandes cantidades de africanos, migración forzada, para incorporarlos como esclavos. Trescientos años después este sector se levantó sanguinariamente contra los blancos, lo que ocasionó el arribo del Ejército Francés para sofocar la rebelión y tomar posesión del territorio.

En 1808 la resistencia dominicana logró expulsar a los galos, volviendo a ser parte de la conquista ibérica, independizándose de los españoles en 1821. Sin embargo, diversos factores en República Dominicana, como la guerra contra su vecina Haití, luchas bélicas entre fracciones partidistas, períodos dictatoriales, sumado a severas crisis económicas condujeron a que entre 1861 y 1865 la isla regresara por propia petición al dominio español.

Como es de suponer, el país cayó en devastación financiera, que solo fue subsanada por un plan de prestamos monetarios internacionales, a cargo de banqueros norteamericanos.

Desdichadamente el crédito no se pudo cancelar, lo que determinó que los acreedores tomaran el control de las aduanas dominicanas (su principal fuente de ingresos) por medio de una administración estadounidense en 1905, contando para ello con la anuencia del dictador isleño General Ulises Heureaux. Al ser asesinado, las tropas norteamericanas tomaron el control entre 1916 y 1924, con sus respectivos gobernadores militares del país del norte. De aquellos años, Juan Bosch recordará las cotidianas humillaciones que sufrió a manos de los infantes de marina, a pesar de ser un niño de ocho años.

De padres comerciantes, desde pequeño tuvo orientaciones artísticas -esencialmente escultura y pintura- que comenzó a declinar cuando la lectura lo cautivó.

A los diez años, Juan con ayuda de una máquina de escribir e ilustraciones propias elaboró un periódiquito llamado El Infante, que vendió entre sus conocidos por más de un año. A sugerencia de una maestra de castellano, conoció a Guy de Maupassant – buscador de la objetividad impersonal- y a Horacio Quiroga – genial narrador uruguayo- de quienes fue un aventajado discípulo. Por requerimientos comerciales sus progenitores se mudan de La Vega (lugar de su nacimiento) a la capital, Santo Domingo, donde Bosch profundizó su cultura literaria como lector permanente de la Biblioteca Nacional. Poco después del retiro de los militares estadounidenses, Juan se ausenta hastiado del país por espacio de tres años, viajando por España, Trinidad y Tobago y Venezuela, desempeñando los más inauditos trabajos.

A mediados de 1931 -recién retornado- ingresó como empleado público de la Oficina Nacional de Estadística. Análogamente empezó a publicar poemas y cuentos en el Lístin Diario, fundando el grupo literario La Cueva, donde se desempeño como editor de su periódico.

La publicación de unos artículos de tono jocoso, donde comparaba el baile de un elefante a las medidas gubernamentales de Rafael Trujillo -militar que llegó al poder por un fraude electoral y que permaneció como fiero dictador por treinta y un años- dio lugar a que fuera acusado de subversivo y encarcelado por varios meses. Durante su reclusión juró a sus compañeros de prisión que no cejaría ni un instante de luchar contra el derrocamiento del tirano.

En 1937 se va a Puerto Rico, donde organizó al grupo más numeroso de exiliados bajo la bandera del Movimiento Democrático Dominicano, con la finalidad exclusiva de derribar a Trujillo autoproclamado “Benefactor del Pueblo”.

Fue en Cuba- en los años cuarenta- donde se concentró toda la propaganda y acciones de la oposición, encabezado por Juan Bosch, quien incluso conformó una fracasada expedición naval armada( Cayo Confites) de cuatrocientos combatientes (siendo el joven abogado Fidel Castro, uno de ellos) quienes debían desembarcar en la isla para empezar una guerra de guerrillas contra los militares del dictador. No obstante estos trajines conspirativos, Juan era vendedor de productos farmacéuticos, donde adquiría el sustento para sus hijos y Secretario Personal del futuro Presidente de la República, también era un destacado animador cultural de La Habana. Cooperaba literariamente en dos grandes diarios, El Crisol y La Información, cuyas notas periodísticas recibieron importantes premios. A la par era laureado por sus libretos de radioteatros de corte histórico interpretados en una emisora Habanera.

Asumida la primera magistratura cubana de Prío Socarras, encomendó a su antiguo ayudante, Juan Bosch, a que diseñara una moderna legislación social de predominio sindical y que fue promulgada con alegría por los trabajadores. Pero en meses posteriores, Fulgencio Batista, General cubano, dio un Golpe de Estado y reprimió con rigor a los cercanos de Socarras. Nuevamente un carcelazo y ulterior expulsión de Cuba se abatirá sobre el dominicano y su familia, quien se reinstala en Puerto Rico.

A varios de sus partidarios y amigos internacionales les comentó su intención de un receso político, pues solo deseaba desarrollar proyectos literarios que tenía en carpeta. En contestación a esta solicitud, un grupo de chilenos, como Clotario Blest, mandamás de la poderosa Central Única de Trabajadores y el entonces senador socialista ,Salvador Allende, entre otros, le cursan la invitación para que concrete en este país su aspiración literaria.

A fines de abril de 1954 llega a Chile Juan Bosch, en compañía de un hijo, con el objetivo de terminar algunos manuscritos y apuntes para libros.

Semanas después abrió un taller de bujías y baterías para automóviles en una céntrica calle de la capital, que además de permitirle su mantención económica, le facilitó en la tranquilidad del local, ordenar sus notas bibliográficas y redactar sus textos. En enero de 1955, saturado por el asedio que padece de refugiados dominicanos, vendió su negocio, trasladándose a Niebla- una caleta de pescadores al sur de Chile- con el propósito de finalizar sus escritos. En agosto de ese mismo año, su fatigosa labor dio resultados, teniendo en imprenta cinco libros con diferentes editoriales chilenas.

En sus textos Poker del espanto en el Caribe y Cuba la Isla Fascinante, utilizó la crónica periodística como estilo, en David, biografía de un Rey, se aprecia un macizo estudio historiográfico. El ensayo magistralmente desplegado y en que las interpretaciones del evangelio son llevados al terreno histórico con objetividad, son observadas en su polémico Judas Iscariote el gran calumniado, donde hace un brillante alegato a favor de la verdad y la justicia. Su coronación literaria, que lo ubicará en los años siguientes como un Titán del cuento latinoamericano ,es su obra La muchacha de la Guira, colección de ocho relatos, que tienen como protagonistas a indígenas, campesinos y paisajes desolados e inmensos.

Referirá a un diario chileno que El arte del cuento consiste en situarse frente a un hecho y dirigirse a él resueltamente, sin darles carácter de hechos a los sucesos que marcan el camino...primera ley del cuento es fluencia constante, la acción no puede detenerse, la segunda, el cuentista debe usar solo las palabras indispensables para expresar acción.

Aprovechando el reajuste generacional, el Movimiento Democrático Dominicano, le concedió -a su pedido personal- el congelamiento como militante activo, a cambio de que Juan aceptara las docencias de literatura que le ofrecieron en Argentina, Brasil y Venezuela. En este último país, se enteró en mayo de 1960 del asesinato del Trujillo - y que tan visualmente registró Vargas Llosa en su libro La fiesta del Chivo- por lo que luego de un cuarto de siglo de ausencia Bosch retornó a su país.

En 1962, el Movimiento en el cual el escritor iba como candidato presidencial ganó las elecciones. Cogobernando con el Partido Comunista, el Presidente Juan Bosch impulsó radicales reformas políticas y económicas (Nueva Constitución, Reforma Agraria, Legislación laboral, etc. ) que gatilló su caída por una Junta Militar siete meses después, azuzado por la oligarquía, la iglesia y la embajada norteamericana. Nuevamente padeció el destierro, ahora en Puerto Rico.

Frente a esta nueva situación, decidió preparar una insurrección cívico-militar- paralizando todo su plan literario- desde su nuevo albergue.

Sindicalistas, jóvenes empresarios y algunos militares fueron los sustentos del complot. Un año y medio después, una facción de las Fuerzas Armadas de República Dominicana, junto a civiles y brigadas sindicalistas se alzaron en armas (los Constitucionalistas) exigiendo la restitución del Presidente depuesto, Bosch, provocando la división de los militares y la consiguiente guerra civil.

Ante este panorama Estados Unidos nuevamente desembarcó sus tropas en la isla en apoyo a los anti Boschistas, prohibiéndole retomar el poder. Juan optó por entregar el mando del país a su leal Coronel, Francisco Caamaño, quien ademas detuvo militarmente el avance norteamericano. Este hecho permite a regañadientes que Washington acepte como gobernante al representante personal de Bosch y su convocatoria para nuevas elecciones a fines de 1966.

Todos estos aconteceres luctuosos, llevan al hombre de letras a adentrarse en la literatura política, esta vez dejando de lado la ficción, en infinidad de artículos, folletos, libros y opúsculos como El pentagonismo, sustituto del imperialismo (1966) contundente documento histórico, donde alerta lo que representa ese complejo militar-industrial, como suprapoder en las relaciones exteriores de Norteamérica, siendo quizás el primero que lo abordó seriamente.

Desde 1970 -tiempo en que regresó definitivamente a su patria, hasta su muerte en el 2001- su presencia fue activa como lector en la Biblioteca Nacional de Santo Domingo, director de revistas, diarios y radio emisoras, así como permanente Conferencista de literatura e invitado de honor a cuanta jornada se realizó en solidaridad con el Tercer Mundo, por personificar a un paladín de la libertad de los pueblos.

 Oscar Ortiz, historiador chileno.

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