martes, 25 de agosto de 2015

Reggae en México


Mientras en los estudios anglófonos sobre la cultura juvenil rasta, originaria de la isla de Jamaica de los 1960, se tiende a mirar con recelo el actual re-acercamiento del reggae al rastafarismo en la isla, en nuestros países y en particular en México, el rastafarismo  constituye mas bien un elemento a interrogar en búsqueda de nuevos sentidos colectivos que funcionan a nivel “planetario”. En el contexto del “reajuste estructural”, el rastafarismo habría perdido su atemorizante impronta apocalíptica para transformarse en una religión convencional que, simplemente, parece aplazar el momento de la redención histórica –es decir–, la idea del retorno efectivo a África. El efecto nocivo se produce respecto del reggae concebido como elemento capaz de aglutinar identidades tradicionalmente en conflicto, puesto que antes del regreso del “roots reggae”, el reggae “a secas” prometía cruzar, además de barreras de clase y raciales, barreras de género.

La emergencia de una cultura rasta en México nos sugiere más bien que la autonomía adquirida por el reggae en cierto momento fue tal para que la unidad se reconstituyera sobre otras bases, aún más amplias, luego del largo periplo metropolitano. La cultura rasta no puede desmarcarse de su pertenecía a un sistema de culturas juveniles/populares diversas donde ella, a través de los elementos éticos y estéticos que le son propios, desempeña un papel que le es particular.

A través del rastafarismo, incorpora una referencia fundamental a la relación entre pasado, presente y porvenir; pero sobre la base del movimiento del reggae, que implica una permanente apertura al “otro”. Del mismo modo, no cree en la vía violenta porque la estima inhumana e inefectiva, pero sin dejar por ello de confiar en que terminará cantando “abajo a Babylon”, la metáfora bíblica de la civilización occidental (“que es un proyecto, no un lugar”).

Primeros acordes
El primer contacto de los jóvenes mexicanos con el reggae se produce a través de imbricados flujos culturales que, de una u otra forma, incorporan la mediación metropolitana. Unos van de Latinoamérica a las metrópolis y conciernen a emigrantes económicos, así como a viajeros “clasemedieros” por motivos de turismo, estudios, negocios. Otros van en sentido inverso e incluyen, junto con estos últimos, a las industrias culturales.

Con Bob Marley and The Wailers alcanzando los primeros lugares de popularidad en Europa y los Estados Unidos a partir de 1973, el reggae ya comienza a ser conocido por ciertos círculos juveniles durante los años setenta. Aunque los grandes medios logran mayor visibilidad, la micro- difusión generada por los viajeros individuales al volver  a México con nuevas propuestas musicales siempre resulta significativa; más aún cuando logra encauzarse en canales de comunicación alternativos.

Son conocidas las importantes restricciones impuestas en México a la difusión del rock desde el Festival de Avándaro, en 1971, privilegiándose la producción lingüística y culturalmente hispano- hablante y con menores implicaciones a nivel social y moral. Además se desencadena el año 1982 una crisis económica grave que no favorece el consumo cultural. El rock, en la sociedad mexicana, es una expresión más bien marginal y subterránea, pero logran sin embargo subsistir canales independientes, por ejemplo una revista como "Conecte", creada en 1974 y de circulación nacional o una radio AM como "XERG 690", de Monterrey, que programa temas en inglés dedicándole una hora al rock. Se realizan muy pocos conciertos masivos en esos años, pero uno de ellos es el de "The Police" en Ciudad de México en 1980. Inserta en el amplio movimiento de renovación musical y cultural que constituye la New Wave británica, esta banda que llega “(definir) la esencia del pop en los ochenta” hace del sonido reggae el eje de sus creaciones. Es por admiración a "The Police" que Sombrero Verde –después Maná–, de Guadalajara, incorpora los primeros acordes de reggae en el rock mexicano “clasemediero”, siendo luego seguida por Pedro y las Tortugas, Los amantes de Lola o Ritmo Peligroso, que todavía no generan hacia ese ritmo una dedicación exclusiva.

Mientras tanto, con los retazos de cultura rockera aprendidos por aquí y por allá, los “chavos banda” están creando su “collage” característico de blues, break, punk y metal.

El reggae conoce un nuevo impulso gracias a la estación radial “Rock 101” que, pese a su corta existencia (1984-1996), constituye todo un hito en la radiofonía cultural mexicana.

"Rock 101", junto con incluirlo en su programación habitual, le dedica un espacio exclusivo llamado “Off Beat”, conducido por Cecilia Pérez Gazga –recién llegada de Nueva York–. El giro hacia una identificación del reggae con el Caribe se hace notorio cuando el programa incorpora la salsa, hecho insólito tratándose de una FM, puesto que la música tropical se asimila al gusto de la “naquiza”. Más aún, luego "Rock 101" le dedica a este estilo el programa “Salsabadeando”, que proyecta la estación hacia nuevos sectores populares.

Aunque perfilada sobre una realidad de inmigración que incorpora confluencias en el ámbito del “Atlántico negro”, la conexión efectiva con el Caribe todavía resulta muy marginal en esos años. En Ciudad de México, por ejemplo, se rememora la existencia de un casete de “música de Jamaica” introducido por un doctor haitiano emigrado hacia 1979 y, más adelante, en Guadalajara, se releva la influencia de brasileños que permanecen en el país luego del Mundial de Fútbol de 1986

Ya hacia fines de los 1980, la conexión se hace mas concreta, registrándose presentaciones de una banda jamaiquina de reggae llamada "Chalice" en el Festival Cervantino de Guanajuato y en el auditorio Nacional.

El reggae se proyecta hacia el Caribe, pero asociado más bien a los “baby-boomers” que persiguen en el un “lugar de fantasía espiritual”. En Cancún, ciudad enteramente planificada y construida en los años 1970 para fines de desarrollo turístico, el reggae se elabora sobre una combinación simbólica de playa y rock que es decisiva en su evolución posterior. Ante la crisis de la deuda externa que azota al país a contar de 1982, Cancún constituye un paraíso no solamente natural, sino también económico, atrayendo a algunos jóvenes desde el DF en busca de placer y dinero. Es allí donde se crea la primera banda mexicana de reggae, "Splash", integrada por músicos mexicanos al disolverse "The Raising Sunsplash", a instancias de una alemana, Mónica Kessler, que se instala en Cancún  proveniencia de Jamaica.

Los seguidores de "Splash" se reúnen alrededor de 1986-87 en un lugar llamado “Brujos” y la banda incluso participa en el tradicional festival jamaiquino "The Reggae Sunsplash" en 1990.

Se desarrolla asimismo un movimiento de reggae en el DF, con la banda "Los Rastrillos", creada en 1989, como pionera. Junto con otras agrupaciones como los Signos Distantes, Tequila y Los Olvidados, ellos participan de los festivales de reggae y rock que tienen lugar en Tulum y Playa del Carmen a comienzos de los 1990 y cuyos asistentes, del orden de las 3.000 a las 4.000 personas, son principalmente extranjeros

Pero el reggae mexicano todavía es tan marginal que ni siquiera “Off Beat” le da cabida. La consolidación de una cultura rasta a partir del giro caribeño tiene lugar a través de los contactos sostenidos entre jóvenes de diferentes ciudades, colonias y culturas juveniles de origen. En el contexto del progresivo despertar de la conciencia ciudadana mexicana a partir del terremoto de 1985, cuyas expresiones mas conocidas son el levantamiento del EZLN y el derrocamiento del PRI, esto favorece la creación de asociaciones y redes de colaboración que van fortaleciendo el movimiento rasta y vinculándolo a la sociedad. Con el tiempo, se perfilan sin embargo en Ciudad de México dos circuitos diferenciados, que sólo colaboran ocasionalmente: el de los músicos del sector sur, quienes dan lugar al "Festival Razteca", y el de los deejays del sector norte-centro, quienes se reagrupan.

Esta diferenciación es artística en un sentido técnico y tecnológico, puesto que implica maneras distintas de hacer música: el músico en principio crea temas nuevos mientras el deejay en principio anima la fiesta a partir de temas preexistentes. Es también social, puesto que el sector sur es mas opulento que el sector norte o al menos cuenta con mejor infraestructura urbana y “tradición” cultural.



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